“UN MUNDO FELIZ”, DE ALDOUS HUXLEY

Hoy vamos a hablar de la novela “Un mundo feliz” (“Brave New World”), de Aldous Huxley, uno de esos textos fundamentales para el mundo de la ciencia ficción.

“Un mundo feliz” es obra del escritor británico Aldous Leonard Huxley (Godalming, Surrey, Inglaterra, 1894 – Los Ángeles, California, Estados Unidos, 1963). Huxley escribió “Un mundo feliz”, la obra que le llevaría a la fama, en 1932, con el título original de “Brave New World”, título que tiene su origen en una frase de la obra “La Tempestad”, de William Shakespeare.

Pero ¿De qué nos habla “Un mundo feliz”?

Pues, sin destriparos demasiado la obra, decir que estamos ante una obra de ciencia ficción distópica, como “1984” de George Orwell o Fahrenheit 451, de Ray Bradbury. Como ya sabéis, la distopía, o antiutopía, es lo contrario de la utopía (un lugar imaginario que nos presenta una sociedad ideal). Las distopías suelen presentarnos un futuro, generalmente cercano, en el que el desarrollo tecnológico, aunque facilita la vida del hombre, a cambio lo condiciona, lo controla, lo aliena o lo oprime.

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“Un mundo feliz” y “La tempestad”, el libro del que saca su título.

Huxley nos sitúa en el año 632 después de Ford, y nos presenta un Estado Mundial, que gobierna casi todo el planeta, y una sociedad en la que los individuos son concebidos in vitro, no de forma natural, y que están genéticamente manipulados. Éstos, desde su nacimiento, pasan a formar parte de una de las cinco castas en las que se divide la población, jerárquicamente estructuradas: Alpha (la élite, los más inteligentes), Beta, Gamma, Delta y Epsilon (la casta inferior, menos desarrollados física e intelectualmente y dedicados a labores menores, como la limpieza y los trabajos más duros). Mediante la determinación genética y más tarde la hipnopedia (enseñanza durante el sueño) y el condicionamiento, cada individuo conoce su lugar, cada casta tiene sus propios trabajos y oficios, y no lo cambiaría por el de otro, pues está condicionados para pensar que, para él, el lugar que ocupa es el mejor. Por ejemplo, un Epsilon  nunca querría ser un Alpha, porque tendría que pensar demasiado, y un Alpha nunca querría ni sabría hacer el trabajo sucio del Epsilon. Así pues, cada uno en su lugar y todos felices.

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Aldous Huxley

En el Estado Mundial todo gira en torno a la estabilidad social. A la gente se le proporciona trabajos adaptados a sus posibilidades, entretenimiento, vida social, y ni siquiera necesitan dominar sus impulsos. Tienen lo que quieren y lo tienen al momento. Son felices y no han tenido ni tendrán que luchar por nada en toda su vida. La verdad, el conocimiento, el arte, la ciencia,…todo eso es irrelevante para esta gente que tiene todo cuanto quiere, y cuando algo les perturba, tienen una droga de diseño, llamada soma, que usan para anular cualquier emoción negativa, como la tristeza, o sencillamente para evadirse de la realidad.

En este mundo la rebelión es imposible, porque sencillamente no es deseable. Sus habitantes hacen justo aquello para lo que han nacido (o han sido condicionados desde su gestación), y no conocen otra manera de ser felices. Además, no solo viven en una sociedad donde la tecnología les proporciona todas las comodidades que pueden desear sino que incluso es capaz de detener el envejecimiento (la gente puede fallecer por una avanzada edad pero mantienen siempre su aspecto juvenil).

Es una sociedad condicionada, consumista, donde la familia, tal y como la conocemos, no existe, así como conceptos como “madre” u “hogar”. La monogamia se considera una obscenidad y salir durante varios meses con una misma persona está mal visto, mientras que la promiscuidad está socialmente bien vista y se fomentan los juegos eróticos desde que son pequeños. Tampoco hay dios ni religión, solo Ford y soma.

El protagonista (o uno de ellos) es Bernard Marx. Bernard es un psicólogo especializado en hipnopedia que trabaja en el Centro de Incubación y Condicionamiento, en la Oficina de Psicología.

Pero además es un Alpha-Plus, que por un problema en su concepción es aún más inteligente que el resto de la casta de los Alpha, pero que, por el contrario, es físicamente más bajo y menos agraciado, lo que le ocasiona por un lado muchas inseguridades y problemas para encontrar pareja, y por otro que no se gane el respeto ni de los de su propia casta, ya que sus compañeros le discriminan, ni de las castas inferiores. El aislamiento que sufre le lleva a pensar de una manera más individual, ya que se ve a sí mismo como un individuo aparte del resto de la sociedad, e intenta revelarse contra sus condicionamientos. Así, por ejemplo, no toma soma porque busca emociones intensas, incómodas pero reales. Esta actitud solo sirve para agravar el desprecio de los demás.

A lo largo de la novela Bernard se enamora de Lenina Crowe, que trabaja también en el Centro de Condicionamiento inmunizando a los fetos contra posibles enfermedades. Es una Beta-Plus, descrita como muy atractiva y “neumática”, término que se utiliza aquí por primera vez y que a partir de entonces se ha seguido utilizando para describir a una mujer muy voluptuosa.

Bernard invita a Lenina a visitar la reserva de Nuevo México, donde viven los salvajes. Aunque algunas personas, como interventores y psicólogos, pueden visitar la reserva, los salvajes no pueden salir de la reserva. La reserva es lo opuesto al Estado Mundial, allí los niños nacen de manera natural, se crían en familias y es una sociedad sin tecnología. Y por supuesto, allí hay ancianos, algo que Bernard y Lenina no han visto nunca y que les horroriza. Cuando Bernard y Lenina visitan el pueblo de Malpaís conocen a John el salvaje y a Linda. Linda fue de vacaciones a la reserva con un hombre (no diremos quién, tendréis que descubrirlo vosotros), se quedó embarazada, y la vergüenza le impidió regresar, quedándose a vivir en la reserva y teniendo allí a su hijo, John.

El problema vendrá cuando Bernard y Lenina convencen a John de ir con ellos al Estado Mundial e intentan introducirlo en su sociedad, con resultados funestos para todos los protagonistas.

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Aldous Huxley

En cuanto a la intención de Huxley, esta novela es una crítica satírica a la sociedad americana de los años 30, a la progresiva tecnologización de los procesos de producción, al consumismo, al capitalismo. Pero también a las sociedades comunistas, ya que Huxley se definía como anarquista. En “Un mundo feliz”, Huxley nos presenta una falsa democracia tras la que se esconde una dictadura, y que le sirve para explorar la posibilidad de que alguien, aun siendo un esclavo, sea feliz.

La influencia de “Un mundo feliz” la podemos encontrar en diversos campos, desde la música, como en el disco de Iron Maiden “Brave New World”, hasta el cine, como en “Demolición Man”, ambientada en una sociedad en apariencia utópica basada en la que aparece en el libro, o en “Matrix”, en la elección que deben hacer los protagonistas entre vivir en una realidad ficticia o vivir en la auténtica realidad. Pero basta con que lo penséis un poco y seguro que encontraréis referencias a este libro en muchas otras en temas como la fecundación in vitro, las sociedades de castas, el condicionamiento mental, etc.

Por último decir que aunque la novela no es muy larga (apenas 300 páginas, según la edición) sí es una lectura muy densa. En ese aspecto, aunque estamos ante un clásico de la ciencia ficción cuya lectura es siempre interesante, cuando no imprescindible, no estamos ante una novela para todos los públicos, en especial para aquellos que prefiráis lecturas más ligeras. Contiene mucho discurso social, mucho estudio sociológico y mucho contenido simbólico. En esta novela no encontraréis ni aventuras trepidantes, ni héroes, ni finales felices, así que antes de lanzaros a su lectura deberíais tener presente a qué os enfrentáis, porque no es un libro sencillo.

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