“¡MARCIANO, VETE A CASA!” DE FREDRIC BROWN

Hoy hablaremos de una rara avis dentro de la ciencia ficción (en un momento entenderéis porqué), pero que no por ello deja de ser un auténtico clásico dentro del género: ‘¡Marciano, vete a casa!’ .

‘¡Marciano, vete a casa!’ (Martians go home!) es obra del escritor estadounidense Fredric Brown (1906-1972). Fredric Brown comenzó su carrera escribiendo relatos policíacos en la década de los 40 para los pulps. De hecho, aunque cultivo ambos géneros, la ciencia ficción y el policiaco, fue la novela negra la que ocupó la mayor parte de su producción (de la veintena de novelas que escribió solo cinco son de ciencia ficción ) y con la que recibió mayor reconocimiento por parte de la crítica, llegando a ganar el premio Edgar por su novela ‘La trampa fabulosa’ (The Faboluos Clipjoint).

Pero pese a su escasa producción dentro del género de la ciencia ficción, su obra no es ni mucho menos menor. De hecho, su relato más conocido, ‘Arena’ (Arena, 1944), fue seleccionado por la Science Fiction Writers of America en el puesto 15 de los mejores relatos de ciencia ficción de la historia, y más tarde se convertiría en la base del episodio homónimo de la serie clásica de Star Trek, cuyo guión escribió el propio Brown.

Pero centrándonos en la obra que nos trae hoy aquí, Fredric Brown escribe ¡Marciano, vete a casa! en 1955, y en la novela nos narrará la invasión de marcianos más extraña que La Tierra ha sufrido en cualquier otra obra literaria.

La acción comienza en 1964 (recordemos que la novela es de 1955), en una cabaña en el desierto donde el escritor de ciencia ficción Luke Devereaux se encuentra bajo el llamado ‘síndrome de la página en blanco’ e  intenta encontrar la inspiración en soledad y con la ayuda del alcohol, ya que nos lo describe como un gran bebedor. A su crisis creativa Devereaux une un matrimonio abocado al divorcio y numerosas deudas, por lo que en ese momento se encuentra borracho. Es entonces cuando de manera repentina un marciano hace su aparición. Se trata de un hombrecillo verde,de unos 75 cms de alto, con una gran nariz y una gran boca, y con seis dedos en cada mano. El marciano, que insiste en llamarle “Mack”, se muestra tremendamente ofensivo e irritante, se niega a dar explicaciones sobre que hace allí, salvo que ha llegado gracias a su capacidad para “kwimmar” (una especie de teletransportación). Devereaux cree que se trata de un delirio por efecto del alcohol, pero pronto descubrirá que los marcianos son reales y que en el preciso momento en que vio al primero, millones de ellos se materializaron en por toda La Tierra, en una proporción que se calcula en un marciano por cada tres humanos.

Pronto descubrimos que los marcianos no son violentos, aunque tampoco inofensivos. Físicamente son bajos, de entre 65 y 90 cms, con torsos cortos, largas piernas y largos brazos. Si bien no son iguales entre sí, son muy parecidos, y todos tienen el mismo comportamiento burlón, insultante y molesto. Los marcianos llaman a todos los humanos “Mack” o “Jane”, según su sexo, o sus equivalentes en otros idiomas, y parecen disfrutar con el conflicto y las peleas. Sus intenciones son desconocidas, así como su verdadera naturaleza. Son extremadamente inteligentes (capaces de aprender cualquier idioma en solo unos minutos), maliciosos, y disfrutan revelando secretos y causando el caos.

No muestran ningún interés en comunicarse con los humanos salvo para insultarles, humillarles, y sacarles de quicio, y no dan ninguna explicación de cómo han llegado, porqué o para qué, ni de cuánto tiempo piensan quedarse. Los marcianos además son incorpóreos en ningún momento pueden tocarnos, no pueden hacernos ningún tipo de daño físico. Pero a su irritante comportamiento unen la capacidad de verlo todo. Son capaces de ver en la oscuridad, a través de la ropa, de las paredes, de los cajones de un escritorios, etc. Eso unido a su capacidad para “kwimmar” hace que los marcianos pronto conozcan todos los secretos de La Tierra, desde grandes secretos militares a las pequeñas miserias del hombre de a pié. Y lo peor es que hacen uso de esos secretos con el solo fin aparente de divertirse y burlarse de los humanos. Así harán públicos los secretos del Pentágono o del Kremlin, airearán infidelidades, comportamientos vergonzosos, escándalos familiares, etc.

Pronto empieza a haber gran número de muertes, desde personas que intentan acabar con ellos usando armas de fuego (que al ser incorpóreos no tienen ningún efecto, ya que las balas les atraviesan e hieren a todo aquel que se encuentre tras ellos) a accidentes provocados porque un marciano se materializa sobre el capó del coche o directamente sobre la cabeza.

Además los marcianos hacen imposible cualquier tipo de emisión de radio o televisión en directo, ya que se dedican a sabotear los programas con insultos y burlas. La industria del cine sería también una de las primeras en caer ante la imposibilidad de rodar una escena sin que los marcianos intervinieran.

Las empresas quiebran, los gobiernos se ven desbordados, y una crisis económica sin precedentes sacude a las grandes potencias económicas del planeta. Incluso la natalidad desciende drásticamente, ya que son pocos los que son capaces de mantener relaciones sexuales bajo la atenta mirada de uno o más marcianos y sus comentarios burlones.

Ni siquiera las sociedades menos desarrolladas se salvan de los invasores. Así, incluso las tribus de África sufren los actos vandálicos de los marcianos, ya que éstos se dedican a espantarles la caza o a provocar estampidas con su ganado.

La humanidad se enfrenta a su propia extinción frente a un enemigo contra el que nada puede hacer. ¿Será éste el fin?
¡Marciano, vete a casa! es, evidentemente, una novela de de ciencia ficción, pero sobretodo una comedia.

Aunque escrita con un estilo ligero, y con un enfoque humorístico, Brown hace una profunda crítica a la sociedad de su época, a sus valores y debilidades. Una sociedad que es fácilmente derribada con el arma más inesperada: la verdad.

Además Brown trata otros temas que nos introduce de soslayo, sin que apenas reparemos en ellos, como la soledad, la locura, la religión y la filosofía, en concreto el solipsismo, pero todo ello con gran maestría y sin que la narración pierda por ello frescura.

Fredric Brown también se ríe de sí mismo (el protagonista es un escritor de ciencia ficción bebedor, en plena crisis de creatividad) y del propio género, convirtiendo uno de los clichés del género (una invasión de marcianos) en algo completamente surrealista e hilarante. Además, el estar escrita en tercera persona omnisciente ayuda a crear un tono de complicidad entre el lector y el autor que es sin duda un gran acierto.

Estamos sin duda ante una novela muy redonda, con un humor muy negro y una narración sencilla pero muy dinámica que hace que se lea muy rápidamente, sin que podamos contener alguna que otra carcajada, y con un final repentino que se deja a la interpretación del lector.

Como último apunte, los más roleros o fans de la mitología encontraréis un gran parecido físico entre los marcianos y los goblins, aunque si tuviéramos que definirlos por su personalidad se parecen más a los trolls, pero no los mitológicos sino los ‘trolls de internet’.

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