LA MÁQUINA DEL TIEMPO de H.G. WELLS

Hoy hablaremos de La Máquina del Tiempo, de H.G. Wells, novela que hace tiempo que queríamos reseñar, pues de no ser por ella no existiría este morlock que os escribe.
Si sois habituales de de estas páginas, ya sabréis que esta no es la primera obra de H.G. Wells (1866-1946) que reseñamos, ya que anteriormente ya pasaron por esta sección La Guerra de los Mundos y El Hombre Invisible. Y esto es, ni más ni menos, porque Wells es uno de los padres, probablemente el más destacado, de la ciencia ficción. Como ya hemos comentado con anterioridad, su obra ha influido en la ciencia ficción del s. XX y lo que llevamos del XXI, tanto indirectamente como dando lugar a películas y remakes de las mismas que son ya parte importante de la historia del cine fantástico. Hay que decir que toda la obra de H.G. Wells está influida por sus profundas convicciones. En La guerra de los mundos (1898),  hizo una crítica de los usos y costumbres de la época victoriana y las prácticas imperialistas británicas; en La isla del doctor Moreau (1896) y en El hombre invisible (1897), reflexiona sobre los límites éticos de la ciencia más allá del poder que le otorgan sus descubrimientos; y en La máquina del tiempo (1895),  el libro que nos ocupa, abordó el tema de la lucha de clases y la crítica al capitalismo.

la-maquina-del-tiempo-hg-wells-01Aunque habitualmente enmarcada en el género de la ciencia ficción y la ficción distópica, lo cierto es que estamos ante una novela alegórica, ya que la intención de adoctrinar pesa más que la fantasía científica en sí. De hecho, Wells describe la máquina del tiempo de modo superficial y a la ligera, con algunas pinceladas de color (como cuando comenta que tenía partes de metal, cristal de roca y marfil), y de forma totalmente intencionada para dejar al lector con curiosidad por saber más del invento y su mecanismo.

La Máquina del Tiempo narra como un científico de finales del siglo XIX (cuyo nombre no se llega a decir) cuenta a sus escépticos amigos que ha logrado descubrir las claves de la denominada “cuarta dimensión” (el Tiempo) y construye un vehículo que le permite viajar físicamente a través del mismo. Mientras tanto sus amigos se reúnen en su casa, pero en una ocasión el anfitrión no aparece. Luego de esperar un rato, sus amigos lo ven entrar en un estado calamitoso, sucio, con la ropa destrozada y cojeando. Les cuenta la historia de cómo viajó a través del tiempo: con la intención de conocer el futuro de la humanidad se desplazó hasta el año 802.701, pero lejos de encontrar una sociedad en la plenitud de su desarrollo, ve un mundo en decadencia habitado en su superficie por unos seres hedonistas, los Eloi, rubios, altos, atléticos, frágiles, de cara sonrosada, dotados de una forma de ser apacible, tranquila y serena, vegetarianos y que actúan como niños, siendo todo un constante juego y un remanso de paz, sin violencia, sin preocupaciones, sin mostrar excesivo interés por nada en concreto, pero sin escritura, inteligencia, voluntad o fuerza física. El viajero supone que así debió de terminar la humanidad tras resolver todos sus conflictos existenciales. Ante la incredulidad de sus amigos, decide repetir el viaje para traer una prueba de su viaje al futuro. Y es entonces, al profundizar en la sociedad de los Eloi, cuando descubre a la otra raza que habita el planeta, aunque bajo su superficie: los morlocks.

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Los Eloi según la versión cinematográfica de 1960

Los morlocks son la antítesis de los elois. Cuerpos blanquecinos, ojos que ven mucho mejor en la oscuridad, repugnantes, nocturnos, muy trabajadores, y que alimentan y mantienen a los eloi sin recibir, al parecer, nada a cambio.
Pero nuestro viajero del tiempo pronto descubrirá una aterradora verdad: los morlocks son agresivos…y carnívoros. Y los eloi, que en un primer momento parecían la clase social dominante a la que los morlocks sirven, mantiene una relación simbiótica con sus “servidores”, y son, en realidad, su alimento, son ganado.

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Los Morlocks según la versión cinematográfica de 1960

H.G.Wells nos lanza a través de esta sociedad del futuro, un mensaje sobre los peligros del capitalismo. Los capitalistas, los eloi, viven beneficiándose del trabajo de la clase inferior trabajadora, los morlocks, sin molestarse en conocer las penalidades que pasan estos el esfuerzo que hacen esos trabajadores para que ellos vivan en su estado de felicidad eterna. Wells nos alerta de que una clase social dominante y “perfecta”, como la de los eloi, puede llevar al ser humano a ser en exceso frágil, sin voluntad propia, sin capacidad ni inteligencia para desarrollar ideas, a un estado en el que no sienta ni padezca cuando el que está al lado sufre o necesite de ayuda. Una sociedad aparentemente perfecta pero  vacía por completo en su realidad, y en la que, al final, los morlocks resultan ser la clase social dominante, ya que es la que mantiene la maquinaria de la sociedad en marcha. Wells lanza este impactante mensaje: la clase trabajadora, el proletariado, puede terminar devorando a la clase privilegiada. Todo un aviso que hoy en día, en plena crisis económica, podría tener tintes realmente proféticos.

Debemos advertir que el lector actual que se acerca a La Máquina del Tiempo debe tener presente diversos factores a tener en cuenta si quiere disfrutarla como merece.
Primero debe tener presente que se trata de un libro escrito en 1895 y que por lo tanto no es aconsejable acercarse a él como si se tratara de una novela del siglo XX ó XXI.
El lector actual está ya acostumbrado, y hasta saturado, de historias sobre futuros apocalípticos y distópicos, desde la saga de Mad Max, a la de Terminator o Matrix, a las más recientes Oblivion o Elysium.
Pero Wells escribe esto mucho antes de la invención de la televisión, el cine e incluso la radio, y es ahí donde radica uno de los grandes valores de esta obra: la creatividad de Wells que desborda originalidad a la hora de imaginar situaciones que nunca nadie ha imaginado antes y su capacidad para narrarlas, cargadas de un realismo y expresividad sorprendentes para la época en que fue escrita.

A esto hay que añadir la influencia que ha tenido en la literatura posterior, más allá incluso del género de ciencia ficción, y que ha trascendido el mismo género literario para influir en otros medios como el cine, donde ha sido adaptada en varias ocasiones, siendo la versión de 1960 (titulada El Tiempo en sus manos, en España), dirigida por George Pal y protagonizada por Rod Taylor, nuestra favorita, y siendo la última la versión de 2002 a cargo de Simon Wells y protagonizada por Guy Pearce, con más pena que gloria, todo hay que decirlo, y muy por debajo en cuanto a calidad de la novela original.

En definitiva, La Máquina del Tiempo es un clásico imprescindible para entender la ciencia ficción moderna.

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