GHOSTWRITER, EL ESCRITOR FANTASMA (PARTE V)

Como ya vimos en las cuatro primeras partes de este artículo, el Ghoswriter (Escritor Fantasma), más conocido en España como negro literario, suele ser un escritor profesional a quien se contrata para escribir autobiografías, cuentos, artículos, novelas u otras obras sin recibir oficialmente los créditos por tales trabajos, aunque muchas veces aparece como colaborador.

En nuestra anteriores entregas repasamos los casos más famosos, los autores sobre los que planea la duda de que utilizan negros literarios debido a lo prolífico de su producción literaria, los casos de “negros” que acaban convertidos en autores de bestsellers, o los casos de “negros” que escriben en nombre de escritores fallecidos.
Hoy veremos otras situaciones curiosas en las que se ven involucrados los negros literarios.

CUANDO EL ESCRITOR NO EXISTE

Otra variante del tema es la del autor que no existe.

ghostwriter-el-escritor-fantasma-01A los fans de las novelas de la joven detective Nancy Drew,  les aconsejo que no sigan leyendo, porque (Atención al spoiler), su supuesta autora, Carolyn Keene, nunca existió. Carolyn Keene es un seudónimo adoptado por un colectivo de escritores anónimos coordinado por la editorial del que ya hablamos en una anterior entrega: El Sindicato Stratemeyer. Un trabajo de marketing realmente sorprendente, ya que consiguieron convertirla en uno de los personajes juveniles más queridos y vendidos del mundo.

¿Cuántos grandes autores de bestsellers son, en realidad, fruto del trabajo de todo un equipo de escritores anónimos? Hoy día es difícil saberlo con precisión, ya que gracias a las nuevas tecnologías basta con crearles cuentas en las redes sociales para que adquiera una identidad “real”, aunque sea virtual.

EL AUTOR BICÉFALO

Otro clásico del sector es el del seudónimo adoptado por una pareja de escritores. Hay bastantes casos, el más célebre de los cuales es el de Ellery Queen, tras cuyo nombre se escondían los primos Frederic Dannay y Manfred Bennington Lee, cuyos nombres, a su vez, eran seudónimos anglosajones para ocultar el origen judío de los autores. Su revista, “Ellery Queen Mystery Magazine”, se sigue publicando tras más de sesenta años de historia.

Las grandes series populares también son terreno abonado para el trabajo colectivo. Los ejemplos más extremos son los del norteamericano Nick Carter y el británico Sexton Blake, personajes fundamentales de la llamada “Literatura de quiosco”. Los relatos del primero se publicaron ininterrumpidamente desde 1886 hasta 1990. ¡Más de un siglo! El segundo se publicó “solo” durante 85 años. Ambos funcionaban con un sistema de franquicias nacionales, es decir, que en cada país, además de las traducciones de los relatos originales en inglés, se publicaban títulos escritos ex profeso por autores anónimos nacionales.

“NEGROS” EN ESPAÑA

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Alejandro Sawa

No, no vamos a hablar del caso del libro “escrito” por Ana Rosa Quintana. En nuestro panorama literario tenemos casos más ilustres, como el de Rubén Darío y Alejandro Sawa (o Alejandro María de los Dolores de Gracia Esperanza del Gran Poder Antonio José Longinos del Corazón de Jesús de la Santísima Trinidad Sawa Martínez, según reza su partida de nacimiento). Se sabe que Rubén Darío contrató en 1905 al escritor y periodista sevillano, y también amigo, Alejandro Sawa, para que escribiese un artículo que publicaría el periódico “La Nación”. Rubén Dario firmó el artículo como propio pero no pagó a Sawa lo convenido. Sawa escribiría después una carta al nicaragüense en la que cambiaba su condición de amigo por la de acreedor.

Otro caso ilustre es el de Vicente Blasco Ibáñez, que fue ghostwriter de Manuel Fernández y González. De hecho, este último, como en los casos que ya vimos de Alexandre Dumas Padre o Stratemeyer, llegó a tener varios negros literarios a su servicio. Más recientemente Fernando Sánchez Dragó reconoció que en su libro “Libertad, fraternidad, desigualdad. Derechazos” había necesitado la ayuda de  un “colaborador” que había enlazado y reorganizado partes de la obra, ya que él no había tenido tiempo para terminar de escribirla.

“NEGROS” AL DESCUBIERTO

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Scott Westerfeld

No es fácil que un ghostwriter dé la cara. Al fin y al cabo su trabajo depende en gran parte de la discreción. Scott Westerfeld es un escritor que ofrece sus servicios como ghostwriter pese a contar con una carrera bastante sólida y tener varios premios a sus espaldas, entre ellos el Premio Philip K. Dick. En uno de sus artículos confesaba:

“He escrito para autores conocidos, para celebridades e incluso para otros ghostwriters que se encontraban saturados de trabajo. He sido ghostwriter. He escrito novelas de suspense legal, ficción histórica, misterio e incluso terror. Pero mi nombre no aparece en las portadas de los libros ni en la página de copyright, ni tampoco puede encontrarse mediante una consulta en la Biblioteca del Congreso. Mi invisibilidad es completa excepto en un contrato, un documento que se guarda bajo llave. A veces incluso los editores desconocen que existo”.

Como vemos, el escritor fantasma no es una figura excepcional en la literatura, pero la confidencialidad propia de su oficio la hace parecer una práctica menos común de lo que en realidad es. Y si a veces estos casos salen a la luz siempre es debido a descuidos o deslizes por parte del “autor” de la obra o de su “negro”, por acusaciones de plagio, e incluso por problemas con las propias editoriales por cuestiones de royalties o derechos de autor.

En 2002, Gregory Baruch, abogado de Washington especialista en asuntos comerciales y de copyright, escribía en una columna dominical del Washington Post: “Los editores a menudo argumentan en su defensa que ´todo el mundo sabe´ que los libros de las celebridades están escritos por escritores fantasmas; pero si todo el mundo lo sabe, ¿por qué hacen tan difícil a los lectores conocer quiénes son los verdaderos autores?”.

¿Y tú? ¿Crees en fantasmas?

 

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