EL MUNDO PERDIDO DE ARTHUR CONAN DOYLE

Hubo un tiempo, antes de la globalización y de internet, en que el mundo era un lugar desconocido, inabarcable y misterioso. Un tiempo en el que viajar de uno de otro continente no era un viaje de horas, sino de meses; en el que los mapas contenían zonas en blanco que se rellenaban con dibujos de dragones o serpientes marinas; en el que el espacio no era la última frontera, sino que esta estaba en África, en el lejano oriente o en la Antártida; un tiempo en el que triunfaba un subgénero que se conoce como Mundo Perdido, a medio camino entre los géneros de aventuras, fantasía y ciencia ficción.

Los relatos encuadrados bajo esa denominación suelen estar protagonizados por aventureros que emprenden un largo viaje de exploración, que les llevará a vivir todo tipo de aventuras, y descubrir civilizaciones perdidas bajo la corteza terrestre, reinos submarinos ocultos en las simas abisales, o animales extintos o directamente fantásticos en selvas impenetrables habitadas por tribus caníbales.
morlockonfidencial-encontrado-relato-de-sherlock-holmes-01En 1912, cuando se publica El Mundo Perdido (The Lost World) del escritor escocés Arthur Conan Doyle, este subgénero contaba ya con numerosos títulos, algunos de gran relevancia, como Symzonia (1820) de John Cleves Symmes Jr.; Las minas del Rey Salomón (1885) de H. Rider Haggar; El hombre que quiso reinar (1888) de Rudyar Kipling; Viaje al centro de la Tierra (1864) y El pueblo aéreo (1901) de Jules Verne; o La narración de Arthur Gordon Pym (1838) de Edgar Allan Poe.
Arthur Conan Doyle, era ya mundialmente famoso por su inmortal creación Sherlock Holmes, que eclipsó el resto de su bibliografía, para disgusto y frustración del escritor, que en más de una ocasión trató de matar a su propia creación. De hecho, Doyle también escribió ensayos histórico-políticos, novelas de terror y misterio, o la ciencia ficción, aunque su género preferido fue siempre la novela histórica.
Pero esta producción literaria quedó en un segundo plano, a veces fruto de su propia mediocridad, otras barridas por la fama del famoso detective.
Solo hubo una excepción: los relatos protagonizados por el profesor Challenger.
El Mundo Perdido es el primero de la serie de relatos protagonizados por el profesor Challenger, que volvería ser utilizado por Doyle en otros cuentos como When the World Screaming (Cuando la Tierra gritó, 1928), The Disentegration Machine (La máquina desintegradora, 1929) y novelas como The Poison Belt (1913) y The Land of Mist (La Tierra de las Brumas,1926)
El argumento de la novela es muy sencillo: el periodista Ed Malone quiere entrevistar al profesor Challenger, quién sostiene que existe una meseta en las profundidades de la selva amazónica venezolana cuyo aislamiento ha propiciado la supervivencia de especies prehistóricas, teoría por la que ha sido ridiculizado por sus colegas y que le ha llevado a agredir a otros periodistas cuando han tratado de entrevistarle. Malone convence a Challenger de su buena fe en cuanto al interé por escribir sobre su descubrimiento y Challenger le propone que le acompañe en una expedición para probar sus teorías. El resto de la expedición la componen el profesor Summerlee y Lord John Roxton.
Y como es previsible, encuentran ese “mundo perdido”, poblado por dinosaurios y hombres prehistóricos entre muchos otros peligros.
El éxito de El Mundo Perdido se debe a varios factores. En primer lugar se trata de un relato en el que Arthur Conan Doyle hace especial hincapié en la verosimilitud científica, a diferencia de otros relatos del mismo género, que tratan superficialmente estas cuestiones, cuando no las obvian directamente.
En segundo lugar, Doyle juega perfectamente con el contraste entre los dos escenarios que sirven de marco a esta historia: por un lado Londres, la ciudad civilizada en la que empieza y termina la aventura; y por otro la selva amazónica, hostil e inexplorada.
Y en tercer lugar, Doyle conforma un grupo de aventureros con diferentes personalidades y motivaciones. Tenemos a Edward Malone, el narrador de la historia, un joven e inexperto periodista, que cae en gracia a Challenger (que odia por sistema a los periodistas), y que busca es vivir una aventura que impresione a la mujer que ama y conseguir así su mano. Está el profesor Challenger, personaje basado en el físico Ernest Rutherford, zoólogo, un racionalista científico de carácter muy fuerte, que estalla a la menor provocación, y con un ego desmedido, que desprecia a todos los que considera menos inteligentes que él (es decir, casi todo el mundo). Curiosamente Challenger no solo posee una prodigiosa mente y su físico no es menos impresionante. En vez del estereotípico científico enjuto, ensimismado y nada dado a las proezas físicas, Challenger es musculoso, enorme y poderoso, con un aspecto más propio de un rudo hombre de acción que de un estudioso académico.
DSCN0918Luego tenemos al profesor Summerlee, este sí, con la imagen tópica del científico, de aspecto débil, flemático, y que supone la contrapartida de Challenger, tanto física como científica, ya que suele ser el principal opositor de sus ideas y teorías. Las discusiones entre ambos suponen un alivio cómico en contraposición a los pasajes de acción y suspense.
El último de los expedicionarios es Lord John Roxton, dandy aristócrata, cazador, deportista y explorador, que busca simplemente la emoción de la aventura y el riesgo, y al que la parte científica de la expedición le importa bien poco.
Pese a todos estos aciertos, hay que tener presente que estamos ante una novela escrita hace más de un siglo, y esto se hace notar, en dos factores fundamentales. En primer lugar en la visión colonialista e imperialista propia de la mentalidad de un británico de la época, con un Londres que vivía su momento de máximo apogeo como la capital del mayor imperio colonial que jamás conoció La Tierra (treinta millones de kilómetros cuadrados), un quinto de la superficie terrestre del planeta con zonas tan extensas como Canadá, la India, Australia y, en África, desde Egipto hasta Sudáfrica. Para los ingleses el colonialismo era un acto de patriotismo beneficioso tanto para Inglaterra como para los pueblos colonizados, pues les acercaba al progreso, a la civilización, al orden británico y al cristianismo. Esto se traduce en un tratamiento racista y condescendiente con los pueblos denominados “salvajes“ o “incivilizados”, y que, por lo general, incluía a todo aquel que no fuera blanco y anglosajón, especialmente negros, mestizos, indios, asiático y criollos, que quedaban relegados a papeles serviles o de villanos traicioneros.
Y por último, el propio paso del tiempo ha ido acabando con las zonas en blanco de los mapas, dejándonos sin mundos secretos que descubrir, y haciendo demasiado inverosímil que alguien, por muy lejos que viaje, se pueda encontrar cara a cara con un dinosaurio.
Pese a todo, El Mundo Perdido sigue siendo una obra maestra, un clásico fundamental que mantiene su frescura y emoción, y una de las obras más influyentes, imitadas y adaptadas del género.

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