EL HOMBRE MENGUANTE DE RICHARD MATHESON

Hoy volvemos a fijarnos en una obra de Richard Matheson, EL HOMBRE MENGUANTE, cuarta de su bibliografía y que sería la que le daría la fama gracias a su adaptación cinematográfica.

Es muy probable que esta obra  os suene más como El Increíble Hombre Menguante, e incluso podéis encontrar muchas ediciones del libro con ese título. Esto se debe a que solo un año después de que se editara el libro (1956), fue llevado al cine con ese título por Jack Arnold, con guión del propio Matheson.
Lo paradójico es que, pese a ese “increíble” que aparece en el título, el fuerte de esta obra es precisamente su credibilidad.

el-hombre-menguante-01El libro empieza con una escena realmente impactante. El protagonista, Scott Carey, un hombre del tamaño de un insecto, está a punto de ser devorado por una araña. La acción transcurre a lo largo de una semana en la que Scott intenta sobrevivir en el sótano de su casa al hambre, la sed, el frío…y el acoso de la enorme araña que quiere cazarlo. Mientras, mediante flashbacks, Scott nos cuenta su historia, que por supuesto el morlock no va a destripar aquí para no privaros de la lectura de una auténtica obra maestra del género.

Aunque la idea de una persona diminuta no era nueva en la ciencia ficción, Matheson introduce un elemento novedoso al hacer que el personaje principal vaya disminuyendo de tamaño, lenta pero inexorablemente.
Matheson, como ya hiciera en su obra Soy Leyenda (1950), de la que el Morlock ya os habló en este mismo blog, se recrea en la evolución física y mental del protagonista, en sus miedos y ansiedades. Algunos de esos miedos son propios de los años en que fue escrito, como el miedo a la radiación, pero otros siguen estando muy presentes hoy mismo: la frustración cuando la ciencia falla, la exclusión social por ser diferente, la incapacidad para realizarse como hombre en el ámbito familiar y sexual, los problemas de autoestima,…
El protagonista pasa por una auténtica tortura psicológica muy similar a la que padece Robert Neville, el protagonista de Soy Leyenda, producto sobretodo de la soledad, el aislamiento y el saber que su situación es irreversible.
Asistimos impotentes al desmoronamiento sistemático de toda la vida de un hombre: de ser el amante esposo y padre, que sostiene a su familia, a ser tratado como un niño, y acabar siendo rechazado sexualmente por su esposa; de padre protector a ver como su hija lo utiliza como una muñeca; de ser un hombre saludable y vigoroso de 1´82 mts, a verse acosado por un pedófilo cuando su tamaño le hace parecer un niño (no es algo que se diga explícitamente pero Matheson deja pistas suficientes para que quién quiera entender, entienda).

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Escena de la película de 1957, dirigida por Jack Arnold

Al morlock le gustaría destacar la fuerza de algunas escenas, como los terroríficos enfrentamientos con la araña, de los que ya hemos hablado, o la desesperación del protagonista cuando intenta llamar la atención de los ahora gigantescos humanos sin conseguirlo.

Y sobre todo el final, un final abierto y lleno de terror y al mismo tiempo de esperanza.

En resumen, una obra maestra, llena de imágenes que perduran en la memoria durante años y con uno de los mejores finales que este morlock ha leído jamás.

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