BÓVEDAS DE ACERO de ISAAC ASIMOV

Hoy el morlock os acerca a este clásico llamado BÓVEDAS DE ACERO de ISAAC ASIMOV, el que posiblemente sea el escritor de ciencia ficción más conocido por el gran público.

Con Bóvedas de acero (The Caves of Steel), escrito en 1953, Isaac Asimov inicia la serie conocida como «novelas de robots», en los que un investigador terrestre, Elijah Baley, colabora con un robot, R. Daneel Olivaw, resolviendo misterios al estilo de las novelas policiacas. Tras dos novelas en los años cincuenta, Asimov, en su resurgimiento de los años ochenta, prolongó esta serie fusionándola con la serie de las «fundaciones», gracias a novelas como Fundación y Tierra. En las novelas más recientes de la serie conjunta, la presencia del robot R. Daneel Olivaw es uno de los elementos fundamentales de unión entre ambas series.

En la actualidad la serie se compone de:

Bóvedas de Acero (The caves of steel, 1953)

El sol desnudo (The naked Sun, 1957)

Los robots del amanecer (The robots of Dawn, 1983)

Robots e Imperio (Robots and empire, 1985)

Bóvedas de Acero está ambientada en el siglo XLVII. En este tiempo los humanos han colonizado cerca de 50 mundos, aunque en La Tierra quedan aún miles de millones de individuos, encerrados en enormes bóvedas de acero (de ahí el título de la novela) y aislados completamente del exterior. Las condiciones en La Tierra son precarias y la superpoblación provoca que las ciudades funcionen siempre al borde del caos.

Aquellos seres humanos que habitan los otros planetas, llamados “espacianos”, y los terrestres, han desarrollado culturas diferentes. Los terrícolas desdeñan los avances tecnológicos y odian a los robots, mientras que los espacianos basan su cultura en la colaboración con estas máquinas. Los espacianos además han conseguido prolongar la vida humana hasta los 300 años, viven en mundos poco poblados y se han vuelto susceptibles a la mayor parte de los gérmenes que hay en La Tierra, contra los que no tienen ninguna defensa.

Una colonia de espacianos se instala en La Tierra, muy cerca de la ciudad de New York, pero el acceso de los terrestres a esta colonia está severamente limitado y hay constantes roces entre ambas ciudades. La frontera entre ambas urbes está muy controlada, y nadie entiende muy bien qué es lo que hacen los espacianos en La Tierra, dadas las ventajas que tienen en sus mundos originarios.

La historia se inicia con el asesinato de uno de los científicos espacianos. Los espacianos tienen buenas razones para creer que el autor del crimen ha sido un terrícola, aunque no tienen pruebas contundentes de ello.

Ambas civilizaciones deciden trabajar juntas para esclarecer el enigma, y para ello envían a New York a un robot cuya apariencia es indistinguible de la de un humano, pero que actúa como un robot y sigue las famosas leyes de la robótica inventadas por Asimov, (1ª Un robot no puede hacer daño a un ser humano o, por inacción, permitir que un ser humano sufra daño; 2ª Un robot debe obedecer las órdenes dadas por los seres humanos, excepto si estas órdenes entrasen en conflicto con la Primera Ley; 3ª Un robot debe proteger su propia existencia en la medida en que esta protección no entre en conflicto con la Primera o la Segunda Ley) . Estas leyes de la robótica (término creado por el propio Asimov) están grabadas en los cerebros positrónicos (término acuñado también por Asimov) que tienen todos los robots, lo que los como sospechosos del crimen.

Sin embargo, el verdadero asunto del libro no es el esclarecimiento del crimen. Esto es solo el pretexto para abordar un tema mucho más importante: La transición de una humanidad atrapada en La Tierra a una humanidad interplanetaria. En Las Bóvedas de Acero esa transición está en proceso, y aún existen fuertes sentimientos de xenofobia entre humanos terrestres y humanos extraterrestres. La mayor parte de los terrestres desprecian a los humanos de otros mundos y a los robots, sobre todo debido a un grupo, llamado medievalistas, que abogan porque la humanidad vuelva a salir al exterior de las cúpulas, se ponga en contacto con la naturaleza y abandone los avances tecnológicos, especialmente los robots. Este grupo, que gana adeptos a pasos acelerados, se mueve en realidad por el miedo a los robots, y a que estos les roben sus puestos de trabajo y empeoren su ya precaria existencia.

Un  investigador humano, Elijah Baley, se ve obligado a trabajar con R. Daneel Olivaw (la “R.” inicial es por “Robot”), un robot positrónico tan perfecto que es casi indistinguible de un ser humano. Sin embargo, bajo la aparente colaboración, hay una lucha soterrada entre estos dos personajes, compañeros de trabajo a su pesar, ya que ambas facciones quieren ser los que resuelvan el enigma primero. De hecho la relación entre ambos personajes es uno de los elementos de mayor atractivo de esta novela y de las otras que componen la serie.

Baley no solamente es un detective capaz e imaginativo, sino que es un individuo de mente abierta que, poco a poco, comienza a apreciar las virtudes de su compañero robótico, su lealtad y su absoluta rectitud, aunque nunca deja de sospechar de él en todo momento y le oculta información importante. Pero también se irá dando cuenta de que hay algo más detrás de la investigación.

Asimov desarrolla un trabajo impresionante a lo largo de las aproximadamente 200 páginas que componen esta novela (el número de páginas depende de la edición, este morlock lo ha encontrado en ediciones de 167, 224, 256 y hasta 272 páginas), no sólo por lo bien llevada que está la trama, sino por el realismo y el detallismo, que le lleva a precisar desde la forma en que funcionan, hasta las expresiones o la religión de estas sociedades.

Asimov juega con nosotros a lo largo de la novela, dándonos pistas y proponiendo sospechosos para luego echar por tierra todo lo que creíamos saber. Incluso los personajes principales, el detective terrestre Elijah Baley, y el detective robot R. Daneel Olivaw, irán evolucionando y dándonos sorpresa tras sorpresa. Y todo ello a un ritmo que, en cada capítulo, se vuelve más frenético y vibrante.

Pero lo que realmente hace que esta novela valga la pena, además de estar bien escrita y mejor resuelta, es la cantidad de temas que Asimov trata: la pérdida de la individualidad, el fanatismo y los prejuicios (un detalle curioso es que en la obra llaman a los robots “muchachos”, de la misma forma que en los EE.UU. de los años 50 se llamaba a la gente de color). Pero no todo es negativo, pues la esperanza en el futuro, la posibilidad de cambiarse a uno mismo y la capacidad de aprender a aceptar lo desconocido, son ideas que también tienen sitio en la novela.

Hace  justo 60 años que Asimov escribió esta novela, pero en opinión de este morlock, lejos de haber envejecido, se ha vuelto aún más actual con los años.

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El morlock dominando todos los formatos

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