MONSTRUOS

Hoy en día, gracias a los efectos especiales digitales, el cine puede ofrecernos prácticamente cualquier cosa que los cineastas quieran mostrarnos. El límite es la imaginación. Pero hubo un tiempo, algunos dirían que mejor, cuando estas tecnologías estaban aún en pañales, en el que si querías algo inusual tenías que recurrir a maquetas, trucos de cámara…y señores disfrazados.
Antes de los trajes de captura de movimiento, antes de Avatar, y antes de Andy Serkis, si querías un monstruo debías vestir a un actor con un disfraz que por lo general era pesado, o incómodo, o asfixiante, o todo a la vez. Estos actores pertenecían a una raza especial, ya que, además del calvario físico de tener que llevar esos incómodos disfraces, sabían que, al vestir la piel del monstruo, sus rasgos quedarían ocultos y su trabajo iba a quedar, casi con toda seguridad, en el anonimato.

monstruos-muy-humanos-01Si nos remontamos más de medio siglo en el tiempo (algo muy sencillo para este viajero en el tiempo que os escribe), encontramos al ex militar Ben Chapman y el nadador Ricou Browning dando vida a la Creature of the Black Lagoon (estrenado en España como La mujer y el monstruo) todo un mito de la historia del cine fantástico.

Aunque, si hablamos de monstruos clásicos, el rey indiscutible de los monstruos es Godzilla, la encarnación del miedo nuclear, tan propio de los años 50 en los que nació. Aunque fueron varios los actores que tuvieron el placer de enfundarse el traje del gigantesco monstruos-muy-humanos-02monstruo (cuyo nombre en japonés significa “Gorila Ballena”) y aplastar maquetas de Japón sin miramiento, fue Haruo Nakajima quien lo lució en más ocasiones y con más acierto. A sus 84 años, tras 19 interpretando a Godzilla, Nakajima sigue siendo una de las principales atracciones en las convenciones a las que asiste para disfrute de los aficionados.

Dando un salto en el tiempo (ya sabéis que eso para el Morlock no es problema), en 1976, Charles Schneer, productor de cine, buscaba un actor para la nueva película de Ray Harryhausen, Sinbad y el Ojo del Tigre (Sinbad and the Eye of the Tiger), y lo encontró como asistente en el Hospital King´s Collage de Londres. Se trataba de Peter Mayhew, actor británico de 222 cm, que interpretaría al Minoton.monstruos-muy-humanos-03

Pasó apenas un año cuando se le ofreció otro papel: el de una enorme criatura peluda en una película de un nuevo director llamado George Lucas. Esa película era La Guerra de las Galaxias (Star Wars), y su papel era el de Chewbacca, que interpretaría también en las siguientes películas de la trilogía de Star Wars.monstruos-muy-humanos-04

Y llegamos a otro de los mitos de séptimo arte: Alien, el octavo pasajero (1979). Ridley Scott buscaba por entonces un intérprete muy concreto para encarnar al terrorífico polizón monstruos-muy-humanos-07del Nostromo: “Necesitaba a alguien extraordinariamente delgado porque la mayoría de la gente no encajaba bien. Curiosamente, esa semana, uno de los directores de casting estuvo en un bar y se quedó mirando a un tipo que medía cerca de siete pies (213 centímetros). Tenía una elegancia delgada y esbelta, y su nombre era Bolaji”.

Bolaji Badejo, estudiante nigeriano de diseño gráfico, no medía 213 centímetros, sino 218, y era tan delgado que su aspecto era casi alienígena, justo lo que Scott buscaba. Para que el alien resultara lo más terrorífico y perturbador posible al resto de actores, y conseguir unas interpretaciones más auténticas, Scott, además de mantener en secreto el auténtico aspecto del mostruo hasta el último momento, apenas dejaba al joven actor interactuar con el resto del reparto fuera del rodaje. De este modo, la propia visión de la criatura resultaría más inquietante para Sigourney Weaver y los demás.

Casi diez años más tarde, John McTiernan se puso tras las cámaras para dirigir otra historia protagonizada por un alienígena casi invencible en ambiente claustrofóbico: Depredador (Predator) (1987). Depredador reunía muchos de los ingredientes de Alien, pero más enfocada como película de acción que de terror. Eso sí, de nuevo había que encontrar un hombre-monstruo con unas características concretas: fuerza, agilidad y  gran estatura.

Jean-Claude Van Damme fue el primero en enfundarse el traje al comienzo del rodaje, para dotar a la criatura de movimientos ágiles, como de ninja, pero a McTiernan no pareció convencerle la talla del actor belga al compararlo con gente de la envergadura de Arnold Schwarzenegger, Carl Weathers o Jesse Ventura. Además, se dijo que Van Damme se quejó de que el traje daba demasiado calor, y de que no aparecería en pantalla sin el traje. En la autobiografía de Jesse Ventura, cuenta que en las primeras fases de la producción Van Damme hirió a un especialista a propósito, por lo que finalmente fue excluido del rodaje. McTiernan optó entonces por reemplazarlo monstruos-muy-humanos-08por Kevin Peter Hall, con 219 cm de estatura (1 más que Bolaji Badejo pero con una constitución más fuerte) y que acababa de interpretar a Bigfoot en Harry and the Hendersons (conocida como Bigfoot y los Henderson en España y Harry y los Hendersons en Latinoamérica). De este modo, la bestia alienígena podría mirar por encima del hombro a Schwarzy” y compañía.

Peter Hall encarnaría el mismo papel en la secuela Depredador 2, estrenada tres años más tarde.monstruos-muy-humanos-09

En el cine español, uno de los mejores trabajos caracterización monstruosa lo llevó a cabo el equipo dirigido por Guillermo del Toro para El Laberinto del Fauno (2006).  Aún estando inmersos en plena era digital, Del Toro optó por contar con el trabajo de un auténtico especialista para los papeles del Fauno y del Hombre Pálido: Doug Jones

monstruos-muy-humanos-10Este actor norteamericano especializado en mímica,  ya había trabajado, siempre bajo una importante capa de maquillaje, en Buffy Cazavampiros y Hellboy (2004), y seguiría su carrera en la segunda parte de Los Cuatro Fantásticos (2007), encarnando a Silver Surfer.


¿Estamos ante una vuelta a los orígenes del cine?

Bueno, pues seguramente no. Pero hay que admitir que, hoy por hoy, la magia que puede transmitir un actor, por muchos kilos de látex que lleve encima, sigue estando fuera del alcance de la tecnología digital.

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